La transformación profunda del águila: Ejemplo para una renovación personal.

Majestuosa, segura, decididamente valiente e inteligente, con una vista privilegiada se remonta a las alturas y con gran agudeza visual vislumbra un panorama exquisitamente único, escondido para el común de los mortales. 

El águila. Símbolo de sabiduría espiritual, victoria y poder. Su límite es el cielo.

Sin embargo, llega una etapa en sus vidas que sus picos y garras se han encorvado tanto que ya no pueden cazar a sus presas. Sus alas, otrora ágiles se han vuelto pesadas lo que dificulta su vuelo, llegó el momento de tomar  una difícil decisión: dejarse morir o someterse voluntariamente a un doloroso proceso de transformación que les permitirá vivir 30 años más. 

  Y es así como las "águilas valientes", se auto exilian en las cumbres montañosas, y en la más profunda soledad viven su metamorfosis.  Golpean fuertemente su pico sobre las rocas hasta despedazarlo por completo y luego esperan pacientemente que crezca uno nuevo. Con el nuevo pico se arrancan  sus garras y esperan que crezcan nuevas... y finalmente se quitan sus plumas para ver crecer un nuevo plumaje. En pocas palabras se despojan de todo lo que en algún momento les fue útil, pero que ahora les estorba, de lo viejo, que ya no les sirve, con las energías enfocadas en su instinto de supervivencia, en  seguir viviendo.

Algo parecido experimentamos los seres humanos en algún momento de nuestras vidas...

Esta sabiduría que nos ofrece la vida del águila, también es semejante a la transformación que como personas mediadoras y agentes facilitadores de una cultura de paz experimentamos a diario.  No es posible convertirnos en personas empáticas, con un alto nivel de escucha compasiva y abiertas a las necesidades de otros(as) si no "sufrimos" una profunda transformación en nuestra manera de pensar a través del autoconocimiento,  de reconocer nuestras emociones, de comunicarnos con las personas cercanas desde el corazón y trasladar lo aprendido a nuestro ejercicio profesional.

A diferencia del águila, este deconstruirnos para ser diferentes es una tarea que una vez iniciada puede llevarnos toda la vida.

  • Arrancarse el pico

El "pico" para los humanos puede relacionarse con las palabras que salen de nuestras bocas. "Cerrar o abrir el pico" es una expresión popular en mi tierra que significa  "cerrar o abrir la boca".  Hay momentos apropiados para hablar y otros en que es indispensable callar y escuchar. Hablar bien o mal, modificar una manera  violenta de conversar en una amable y amorosa es un reto que toda persona que quiere aprender a comunicarse efectivamente tarde o temprano deberá asumir. 

 Comunicarse es sin lugar a dudas un arte.  No lo sé para ustedes, pero para mí es todo un reto. Poder transmitir en palabras escritas o verbales, lo que pienso y siento y que sean recibidas con la intención que las envío es tan complejo que he llegado a pensar, a veces, que es una utopía. 

Aprendemos y a la vez enseñamos herramientas como la Comunicación No ViolentaComunicación Asertiva, Escucha activa y demás...pero aún teniendo todas estas habilidades a la mano, con frecuencia surgen conflictos de la nada, que con asombro  y frustración vemos "aparecer" y hasta escalar. 

Sin duda, las relaciones humanos son complejas e involucran al menos a dos partes y para avanzar debe existir un anhelo común de mirar en la misma dirección o como mínimo una actitud de intentarlo. Así, el "arrancarse el pico" como el águila es al menos esforzarnos por estar conscientes de que nuestras palabras pueden crear o destruir, sanar o enfermar, acercar o separar,  bendecir o maldecir. Es aprender a  perdonar y perdonarse, a escuchar sin juzgar, sin aconsejar si no nos lo piden y a comprender que las circunstancias de las personas con las que interactuamos son únicas y lo que vemos es tan solo la punta del iceberg de sus vidas. 

"Arrancarse el pico" es permitirnos y permitir a otros momentos de silencio, de reflexión, de soledad. Como lo dice Eduardo Galeano.

"Solo los tontos creen que el silencio está vacío.  

A veces la mejor manera de comunicarse es callando."

 Es transmitir compasión y cariño con nuestras miradas, escuchando con todo nuestro ser. Es ser pacientes, tolerantes y compasivos. Es construir cada día con esfuerzo formas más saludables  de comunicarnos. Y eso lleva tiempo...

  •  Arrancarse las garras

Otra manera de comunicarnos que pasa desapercibida con frecuencia es el "lenguaje no verbal" que se relaciona con nuestros cuerpos. 
 Nuestras miradas, el espejo del alma, hablan más de lo que imaginamos,  así como el tono de voz,  nuestra manera de sentamos, la posición o lugar que adoptamos en una reunión sea presencial o virtual,  los brazos cruzados o abiertos demostrando nuestro disposición al diálogo y hasta los mensajes de texto que enviamos con nuestras manosEn fin, lo que hacemos, nuestra actitud, esos pequeños detalles que reflejan nuestro verdadero interés o total desinterés hacia el otro. 

Con la cotidianeidad olvidamos que un buenos días, buenas noches, ¿cómo estás? o ¿cómo te sientes? en coherencia con nuestro lenguaje no verbal  comunica.  Como lo dice Watzlawic es imposible NO comunicar. 

"Arrancarse las garras" es dejar de lado las actitudes o acciones que lastiman al otro y a nosotros mismos ( las garras se incrustan en nuestra piel ...) la indiferencia,  dar por sentado lo que es evidente para nosotros, pero bien puede no serlo para el otro. 
Arrancarse las garras para un animal como el águila la deja en total indefensión y lo mismo sucede con nosotros al mostrar nuestras debilidades y comunicarnos desde la vulnerabilidad y no desde la autosuficiencia y/o superioridad. Las nuevas "garras" que nos crezcan preferiblemente deberían permitirnos acercarnos  a las otras personas con mayor compasión, para acariciar sin lastimar. Este acto también lleva tiempo.

  • Arrancarse las plumas

Por último, para volar necesitamos despojarnos de lo que nos pesa. Todo los  seres humanos cargamos "mochilas emocionales" con frecuencia tan pesadas, que nos imposibilitan avanzar. Situaciones emocionales sin resolver, creencias limitantes, prejuicios, intolerancias, juzgamientos y demás "mandatos culturales y sociales" que nos separen y que de alguna manera nos conviertan en agentes de  división en lugar de inclusión.  

Imagino el dolor y el frío intenso que  experimenta el águila en las cumbres al perder, voluntariamente, sus preciadas plumas, su "vestido" que le abriga, su identidad. 
 
Es así como  trasladando este símil a nuestras vidas, "quitarnos" conscientemente las pesadas plumas que no sólo nos cobijan sino que nos dan cierto estatus social, estabilidad emocional y pertenencia a un determinado sector social, económico y cultural; implica un acto de valentía, de osadía loca para algunos, de humildad, de paciencia, perseverancia y confianza en que crecerán otras "vestiduras más livianas  y auténticas" que nos permitirán volver a alzar el vuelo, agudizando la mirada desde las alturas. Una nueva perspectiva a contemplar de lo que llamamos nuestro Balcón. 
 
 Como mediadora de conflictos y facilitadora de círculos de paz cada vez valoro más la necesidad de una constante actualización profesional íntimamente ligada a una transformación personal hacia la humildad y respeto de las diferencias.
 
El futuro de la Mediación depende de cómo nosotros nos mostremos al mundo, con la coherencia entre lo que ofrecemos, decimos y hacemos. Y esto conlleva valentía,  cohesión  y cooperación entre nosotros y al igual que la transformación profunda del águila, tiempo, compromiso, vivir plenamente cada proceso con humildad y un poco más de tiempo.


Comentarios

  1. Un gran regalo tu reflexión. Gracias por hacerlo posible. Mucho que aprender. Así es, cada palabra encierra sabiduría de Vida y profesional. GRACIAS Gladys.

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    1. Gracias a tí Azucena por leerme. Me alegra que lo disfrutaras. Un abrazo

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