El 21 de Enero se celebra el Día Europeo de la Mediación y muchos países latinoamericanos nos hemos  visto inspirados y adoptado este día como nuestro.

Es tradición que se lleven a cabo distintas actividades para reconocer su importancia, avances y proyecciones con el fin de que más personas conozcan de sus bondades y se unan a un movimiento internacional que tiene como finalidad que los conflictos, inevitables en nuestras vidas,  se resuelvan de manera pacífica, dialogando y llegando a acuerdos construidos de manera conjunta y que beneficien a ambas partes.

La Mediación, no es una corriente más que está de moda, al contrario para muchos es un estilo de vida, que se basa en el diálogo respetuoso, la escucha activa y empática de la persona mediadora y en la capacidad de creer en que son las mismas persona que están en un conflicto, y que no han podido resolverlo solas, lo pueden hacer con la ayuda de un profesional en Mediación que a través de la escucha y guía pueden volver a comunicarse. 

Costa Rica: democracia, diálogo y paz

Con profundo dolor he seguido la campaña política que llevará a las urnas a nuestro país el 1 de febrero.

He percibido a una Costa Rica que ha sido ejemplo internacional de una democracia sólida y respetuosa de los derechos humanos, con temor a expresarse libremente.

El tono despectivo y de burla de algunos grupos políticos hacia los comentarios y propuestas de otros partidos —atinadas o no— desentona con los valores costarricenses. En una democracia, las miradas distintas no deberían ser motivo de desprecio, sino una oportunidad de contraste y aprendizaje ciudadano.

El odio que se ha sembrado entre hermanos ha dividido de forma peligrosa a un país que acogió a mi familia en 1978, cuando huíamos de la dictadura militar en Argentina. Costa Rica fue para nosotros un país de paz, culto y respetuoso de los credos religiosos y de las diferencias.

La violencia directa —la que vemos con nuestros ojos—, según Galtung, es solo la punta del iceberg. Sus raíces profundas están en la violencia estructural y cultural, que alimentan los homicidios, los femicidios, las violaciones sexuales, la restricción de derechos humanos y, en general, toda forma de violencia.

Dentro de esa violencia cultural, la narrativa —como señala Sara Cobb— tiene un enorme poder. A través de publicaciones, frases y slogans, se van introduciendo ideas, a veces de manera casi imperceptible, que enardecen los ánimos y empujan a estados irreflexivos. Entonces olvidamos algo esencial: al otro lado no hay un enemigo; hay un amigo, una amiga, un familiar, un compatriota.

Creo firmemente que la violencia no debe normalizarse, cualquiera sea su manifestación, incluyendo la verbal. Acostumbrarnos al maltrato es una bomba de tiempo para nuestra democracia.

Algo similar sucede en la violencia contra las mujeres: la telaraña de la violencia las envuelve hasta impedirles ver con claridad. Por eso necesitan redes de apoyo que les permitan reconocer que merecen un destino mejor.

La mediación y la violencia de género no son compatibles. Tampoco lo es una democracia con la imposición sin diálogo.

Como seres humanos pensantes y ciudadanos responsables, podemos detenernos y preguntarnos: ¿qué rumbo queremos para nuestro país?

La mediación nos enseña que escuchar, conversar y respetar las diferencias —de las que tanto aprendemos cuando miramos con humildad— son claves para una convivencia pacífica, tanto a nivel personal como familiar y social.

Al fin y al cabo, todos somos seres humanos sensibles. En el fondo deseamos lo mismo: un lugar tranquilo para vivir y una Costa Rica ejemplar que heredar a nuestros hijos, hijas, nietos, nietas y futuras generaciones.

Con el mayor respeto, los invito a reflexionar sobre nuestras acciones, incluso las más pequeñas: publicar un post, compartir un comentario, responder a alguien. Las palabras no se las lleva el viento; pueden construir o destruir.

Todos nos equivocamos, pero también todos podemos rectificar.

Otra acción pequeña, pero profundamente valiosa para nuestra democracia, es salir a votar. Votar después de reflexionar, con alegría y confianza, sin miedo. Vivir esta fiesta nacional con el orgullo de pertenecer a un país que respeta su institucionalidad y permite a su pueblo elegir cada cuatro años.

Hoy, en el Día Internacional de la Mediación, deseo compartir que, ante la encrucijada que enfrenta Costa Rica, hay un valor casi imprescindible que deberíamos buscar en quien se siente en la silla presidencial, así como en diputadas, diputados y demás funcionarios públicos: la capacidad de respetar las diferencias, dialogar y contrastar ideas con tolerancia.

Pero, sobre todo, la capacidad de escuchar.

Escuchar… y volver a escuchar.

Incluso aquello que no se dice: los gestos, los silencios, las emociones que subyacen a las palabras.

Escuchar con humildad. Con capacidad de asombro. Con profundo agradecimiento.

La habilidad de mediar entre sectores hoy tan enfrentados será lo que permita volver a unir a Costa Rica, buscando fines comunes y aunando esfuerzos.

Recordando la última estrofa de nuestro Himno Nacional:

“Vivan siempre el trabajo y la paz.” 



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