Nos quedamos donde somos mirados

La sensibilidad es irremplazable

Migrar no es fácil,
no lo ha sido nunca ni lo será. Es semejante a trasladar una plantita tropical al frío invierno o viceversa.  

Miro hacia atrás y en el recuerdo aparecen  unas lavandas que llegaron "escondidas" en medias y zapatos de Argentina a Costa Rica. Mi madre las anhelaba con ansias, y Lily, mi querida prima, buscó la manera y las trajo... 

Unas murieron al llegar, otras con el tiempo.  No obstante algunas, valientes, se negaron a morir,  se marchitaron, dejaron  caer sus hojitas, pero sus raíces se aferraron a la vida y se aclimataron. 

¿Qué fue lo que influyó en su adaptación? 

Múltiples factores internos o externos, uno de ellos, a mi parecer fue el cuidado amoroso de las manos de madre,  que las "chineaba", ella les removía la tierra, las abonaba, les cambiaba de maceta...

Les hablaba, las miraba.  Así sobrevivieron y se convirtieron en cremas y "almohaditas" de lavanda que aliviaron el dolor y la ansiedad, a muchos. Cumplieron su propósito. 

Nosotros no somos plantitas, aunque, en ocasiones, nos podamos sentir tan desvalidas como ellas. 

Somos seres humanos. Necesitamos el contacto humano, el calorcito de la familia, de los y las amigas, de los que nos rodean.

Necesitamos esa mirada intencional que quiere cuidar, proteger y sanar.

En esa adaptación al "clima" es frecuente que nuestro cuerpo reaccione y se enferme, es su manera de alertarnos que no estamos escuchando algo importante.  Ese proceso se vive con mayor soledad y nostalgia lejos del terruño.

Una experiencia para recordar

Con preocupación llegamos a su consultorio. Al principio fue tan frío y descortés que vi la mirada enojada de mi hija diciéndome... "mami nos vamos ya mismo, pero antes le digo lo que pienso!!"  Y no la culpo, yo no me sentí nada bien tampoco. 

No obstante, apoyé mi espalda sobre la silla con una actitud de calma y con mirada curiosa ( acababa de iniciar a re leer un el libro de Marshall Rosenberg, Comunicación No Violenta) e intenté observar sin juzgar y no tomármelo personal... Después de un minucioso cuestionario  comprendimos que escribía el expediente clínico, que estudiaba con curiosidad,  que por su edad no era muy ágil con la computadora y que se comunicaba de la mejor manera posible en español. También era migrante, italiano.

Después de un minucioso examen físico y más preguntas, decidió enviarme más exámenes y escribir de su puño y letra una referencia a otro especialista (como se hacía antes, tal vez, los de corazón joven lo recuerden...). Luego, me pidió que por favor volviera para ver los resultados. Fue más allá de lo que normalmente hacen los médicos en la actualidad.  Me sentí mejor al marcharme, aunque salí como entré: sin tratamiento farmacológico o diagnóstico claro, pero nos sentimos bien atendidas. 

Lo menos esperado...  Al día siguiente al contestar una llamada, para   mi asombro, era él que quería darme otras recomendaciones.  Fue una sensación extraña: entre asombro y alegría. Me sentí cuidada;  ese detalle me transmitió calma, en momentos de incertidumbre.  

Este gesto amable y compasivo alegró mi día, me dio paz y sobre todo confianza de que aún hay profesionales que aman lo que hacen. El deseo de compartir  estas reflexiones nacen de un profundo agradecimiento: 

  • No siempre nos sentimos alegres y está bien. Hay situaciones que nos desenfocan, sea que las hayamos provocado o no y es ahí donde necesitamos esa mirada del otro compasiva, sin juicio. Miremos de manera compasiva y sin juzgar.
  • Seamos más humanos. Nos preocupamos hoy de que la tecnología nos pueda sustituir en nuestros trabajos y probablemente lo hará en muchos ámbitos, nos guste o no. Es indispensable capacitarnos, esa es nuestra responsabilidad . Sin embargo, también lo es  potenciar la autocompasión, la  compasión, la empatía, así como el calor de un abrazo sincero, esos no serán reemplazables por una máquina.       Abracemos  y demostremos  Empatía y Compasión, esa es nuestra naturaleza humana.
  • No perdamos la capacidad de Asombro y la Curiosidad. No importa cuánto casos hayamos estudiado o títulos acumulados. Cada paciente, clientes o amig@s merecen toda nuestra atención como si fuera la primera vez y el primer caso. Eso también sana. 
  • Somos seres sociales. No es cierto que tengamos en nuestro interior "todo" lo que necesitamos para salir adelante. Somos seres sociales y nos necesitamos unos a otros. Tampoco es cierto que todo depende de nosotros, los años y los daños nos enseñan que no es así y que lidiamos con decisiones ajenas y aceptar y agradecer el proceso es lo que nos permite subir una escalón más sin amargura en el corazón y crecer personal y profesionalmente. 
  • Aceptar y Agradecer. No siempre entenderemos el por qué de lo que nos sucede, de hecho muy pocas veces lo haremos. No todo está a nuestro alcance, pero podemos aceptarlo y agradecer los gestos amables de personas sensibles que se cruzan en nuestro camino. 
"Una mirada compasiva, atenta, también es medicina. 
Las personas nos quedamos donde somos vistas."

Gracias por compartir conmigo, esta Tarde alegre, de Paz... de Mediación.


En agradecimiento al Dr en Neurología Giovanni Tocci por su gentileza y don de gentes.

 

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