Del Ver al Mirar: una invitación a la atención consciente en la Vida y en la Mediación

 

No basta con ver, hay que despertar la conciencia. 

Mirar no es solo un acto físico, es una forma de estar presente, es un acto consciente. 

"Un discípulo le preguntó a su maestro Sufi, maestro siempre nos dices que debemos aprender a mirar pero ¿cómo puedo saber si realmente estoy viendo? El maestro lo llevó a un jardín y le dijo Dime ¿qué ves? El discípulo miró y contestó veo árboles, flores, el cielo azul y algunas aves volando. El maestro asintió y le pidió que cerrara los ojos por un momento y le dijo: Ahora vuelve a mirar, pero esta vez sin apresurarte, no nombres lo que ves, no pienses lo que ya sabes, solo mira. El discípulo obedeció y empezó a notar el movimiento de las hojas al viento, el reflejo del sol sobre los pétalos, la danza de las hojas, Algo cambió dentro de él sonrió y dijo: Maestro, ahora veo. El maestro sonrió y dijo: Siempre viste, pero hoy realmente miraste" (Cuento de la Mirada).

Ver no es lo mismo que mirar. Una cosa es lo creemos saber y otra es lo que percibimos desde una mirada profunda.

La realidad es que miramos desde quiénes somos, lo que deseamos y desde lo que buscamos en el mundo. Lo que vemos no es totalmente objetivo, nuestras creencias,  emociones y vivencias cambian la percepción.

Desde el momento en que damos un nombre a algo, producto de la cultura y el leguaje,  le otorgamos un significado. El lenguaje crea, etiqueta, tiene el poder de transformar o destruir. Así es de poderoso.

Por eso, si logramos volver a mirar con los ojos de la niñez, con aquel asombro, esa alegría, la frescura y emociones vibrantes que no nos caben en el cuerpo...con la ilusión y creatividad en esencia pura, sin condicionantes; miraremos con Mente de Principiante,  recuperaremos la Mirada limpia que con el paso de los años (y los daños) se ha ido empañando, como los ventanales sucios por la lluvia y el polvo. Mirada que nos hace tanto bien recuperar.

Además de nuestra mochila, nuestra percepción está influenciada por las emociones que experimentamos en un determinado momento. Un mismo paisaje puede cambiar radicalmente según la noria de las emociones.

Te invito a detenerte y mirar las siguientes imágenes:


¿Qué ves?  ¿Qué miras? ¿Escuchas el susurro de las olas?
 ¿Puedes separar lo que ves de lo que sientes y piensas?

¿Qué pensamientos vienen a tu mente? 

Tal vez algún recuerdo...

 ¿Que siente tu cuerpo? ¿Frío o calor? 

¿ Puedes oler  el viento? ¿y el aroma del mar? 

¿Y los árboles florecidos ? ¿será primavera?

Como puedes ver, nuestras miradas están condicionadas por nuestras emociones, vivencias,  recuerdos y expectativas: nuestra mochila personal que nos acompaña a donde vamos. 

Si lo entendemos así ¿Es posible que todos veamos lo mismo? ¿En todo momento vemos igual?

¿Existe una única realidad?

Te has preguntado por qué nos acostumbramos a los paisajes cotidianos hasta perder el asombro ? Yo sí, con frecuencia... me recuerda que es tiempo de  cambiarme los lentes a los del asombro, a la mirada curiosa de mi niña interior e inmediatamente el paisaje cambia.

Lo que dice la neurociencia es que el cerebro no ve sino que construye a través de percepciones sensoriales y experiencias previas. Cuando pasamos por entornos cotidianos, el cerebro rellena el paisaje con lo conocido; no obstante, si decidimos mirar con atención consciente podemos volver a asombrarnos y notar que los  paisajes tienen cosas nuevas cada día, solo que lo dejamos de percibir. 

Mirar el paso de las estaciones es un buen ejemplo de cómo un paisaje cambia de manera imperceptible cada día hasta convertirse en otro completamente distinto, aún siendo la misma calle, el mismo parque.

¿Te  has detenido a mirar esa transformación?  Es fascinante y lo puedes hacer si con atención miras lo cotidiano con ojos curiosos y de asombro.

Epoyé, un concepto de la filosofía griega, significa, suspensión o pausa de un juicio. Detener nuestros pensamientos por un instante, hacer una pausa: sin juzgar, sin verla a través de nuestros filtros mentales. 

Mirar desde mi interior: Una reflexión desde mi ser mediadora

Nuestras vivencias personales se filtran a lo que hacemos en el ámbito profesional. Eso nos hace auténticos y coherentes con nosotros mismos. 

Cuando he acompañado procesos de mediación, noto claramente cómo el arte de mirar conscientemente es clave (atención plena). Cada encuentro me recuerda que no se trata solo de ver un conflicto, sino de contemplarlo desde la calma, la pausa interior, desde la epoyé que aprendí a valorar profundamente.( atención sin juicio)

Como mediadora, practicar esta mirada consciente significa observar desde mi propio centro. Suspender lo que creemos saber sobre las personas o conflictos. Es detenerme antes de interpretar, antes de etiquetar lo que sucede frente a mí, permitiéndome ser testigo presente, facilitando un espacio seguro para que otros también se permitan mirarse y mirar al otro sin prisas ni prejuicios.

Uno de los grandes aprendizajes de la  Mediación ha sido que lo esencial solo se revela cuando hacemos una pausa. Cuando dejo a un lado mis propias expectativas, mis juicios y me permito simplemente estar allí, disponible y presente, la transformación aparece. 

Este es, para mí, el verdadero acto consciente: No solo acompañar, sino facilitar una transformación desde una mirada renovada, más limpia y llena de posibilidades.

No, no es fácil, lleva tiempo y una actitud curiosa y deseos de cambiar de adentro hacia afuera. Porque mirar así no solo cambia mi práctica profesional, cambia mi manera de estar en el mundo. 

No se trata solamente de ver sino de estar completamente conscientes en la experiencia de mirar. Aprender a mirar con nuestros ojos limpios y libres, apretando nuestro tecla de pausa.

Te invito a que hagas una Pausa para Mirar. ¿Te animas?

Gracias por leerme.


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