¿Por qué tantos corazones solitarios si vivimos en la Era de la Comunicación?
"Nunca sabrás el verdadero impacto que tendrás en las personas que te rodean. Nunca sabrás cuánto necesitaban la sonrisa que les diste. Nunca sabrás cómo tu amabilidad cambió sus vidas por completo ...", esas frases con las que inicia un post de Teacher Goals Kindness counts conmovieron mi corazón y afloraron como burbujas en el agua, lo que estaba en mi corazón hace días, ideas mañaneras que comparto, "en voz alta", a modo de reflexión personal.Vivimos en la Era de la Comunicación. Nunca en la historia de la humanidad habíamos tenido la posibilidad de comunicarnos de tantas maneras distintas, así como de tener acceso a la información y a la vez, transmitirla. Sin embargo, ¿Nos comunicamos realmente?Es cierto que es distinta la interacción que podemos llegar a tener con conocidos que con amistades e incluso familia. No obstante, nos hemos acostumbrado a pensar que es suficiente un mensaje de texto, un me gusta o un emoticón "tierno" para hacer sentir mejor a alguien que al otro lado de la pantalla puede estar lidiando con situaciones y emociones que le sobrepasan como ser humano. Y lenta e imperceptiblemente nos distanciamos.
A la vez, con frecuencia, recibimos perplejos después en un intento desesperado por "conectar emocionalmente" y abrir nuestro corazón, un completo "silencio" como respuesta. En otras palabras aquello que transmitimos no tuvo respuesta ¿Nos entenderían? ¿Les importa? ¿Es eso comunicación? ¿Estamos "construyendo" relaciones o son solo "situaciones relacionales" ?
Nos hemos acostumbrado en este mundo de prisas a dejar de llamarnos, de escucharnos, de mirarnos a los ojos y sustituirlos por un mensaje de texto, más acorde con nuestra "apresurada vida". ¿Hacia dónde nos dirigimos con tanta prisa?
Ya escribió Zygmunt Bauman en su libro "Amor Líquido" sobre la fragilidad de los vínculos humanos en nuestros tiempos. Escuchamos cada vez con más frecuencia de ghosting, de falta de compromiso emocional, de "relaciones" carentes de responsabilidad o visibilidad, de los y las "casi algo", de "relaciones indefinidas", para mencionar algunas. La palabra "amigos y amigas" se utilizan sin el contenido afectivo de antes que comprobamos en tiempos de crisis porque brillan por su ausencia. Y peor aún lo hemos normalizado. ¿Y a eso llamamos "Comunicación"?
Y sin darnos cuenta, se pierden relaciones de amistad, de pareja, de progenitores con sus hijos e hijas, con los nietos y nietas, de hermanas y hermanos, por no invertir lo más valioso que podemos dar, nuestra presencia y tiempo. ¿Será que nos estamos equivocando como sociedad?
Si lo pensamos detenidamente:
NADA sustituye una llamada y escuchar la voz angustiada o alegre al otro lado, un abrazo apretado que nos compone el alma y hablar por horas, mirándonos a los ojos riendo y llorando juntos o simplemente sentarnos a la par, en silencio, escuchando el corazón del otro.
NADA sustituye el contacto físico y/o la cercanía de alguien realmente comprometido con la relación, cualquier tipo que sea. Si hay verdadero interés, sí se puede. Nací en una familia intercultural y las distancias, encuentros y despedidas han sido frecuentes. No obstante, nuestros padres se las ingeniaron para mantener el contacto a través de cartas, llamadas por "radio aficionados" o brevísimas conversaciones para las navidades que eran todo un lujo; envíos anticipados de cassettes de Felices Fiestas que escuchábamos una y otra vez, las famosas "Tarjetas navideñas" que se enviaban con anticipación y cariño o el ansiado y costoso viaje para abrazarnos y reír llorando."
¿Nos estaremos equivocando como sociedad?
No sólo los adultos sufrimos de soledad, sino que nuestros niños, niñas y jóvenes están observando nuestra desconexión y sufren de soledad detrás de una pantalla, que les damos para que "jueguen, se eduquen e informen", sin control alguno y nos "dejen seguir con nuestras ocupadas vidas".
No debería extrañarnos que personas inescrupulosas y perversas quieran adueñarse de la mente y corazón de nuestra niñez y no sólo de la de ellos. Cuando existen necesidades de afecto insatisfechas, como seres sociales que somos buscaremos satisfacerlas con algo o con alguien sea o no funcional y sano. Al fin y al cabo, la atención negativa, es mejor que la indiferencia.
Tampoco debería extrañarnos el aumento en los casos de violencia cada vez más aberrantes y los altos índices de suicidio en niños, jóvenes y adultos mayores, etapas de desarrollo de mayor vulnerabilidad y cambios.
He dedicado con pasión los últimos años de mi vida al estudio de la prevención de las violencias creyendo en la Mediación, las Prácticas Restaurativas y Círculos de diálogo como instrumentos apropiados para prevenirlas, pero pareciera que estamos siempre un paso atrás de tanta maldad y desconexión emocional, de tanta falta de sensibilidad humana.
En ocasiones cuando comparto estos temas, me han preguntado ¿Cómo sigo siendo optimista y cuál es la forma de prevenir la violencia? Ninguna de estas preguntas son sencillas de responder porque envuelven multitud de factores ya que el abordaje de la Violencia es multidisciplinar, multicausal que cambia en el tiempo y según el contexto social y cultural. Sin embargo, Sí, soy optimista, a pesar de los años y muchos daños creo en la bondad humana. Aquí algunas reflexiones en voz alta que podrían ayudarnos a conectar con nosotros y con el otro...
- Empezar desde la más tierna infancia, desde antes de nacer, acariciando y hablando a ese ser que esperamos con cariño en un ambiente de mucha paz. Es nuestra responsabilidad cuidar nuestra niñez. Manifestarles nuestro amor y aceptación a manos llenas. Desde bebés mostrarles atención y afecto. Dedicarles tiempo. Es asombroso cómo siguen nuestros rostros e imitan nuestras expresiones de afecto y sonrisa. Educamos sin hablar.
- La responsabilidad es nuestra, trasciende las instituciones públicas y privadas. Debemos asumir como ciudadanos y ciudadanas nuestra cuota de acción construyendo relaciones sanas con los que nos rodean. Si las campañas sociales no están alcanzando los efectos deseados, tal vez sea necesario volver a ser ejemplos vivientes en nuestro "metro cuadrado" Preguntarnos ¿Qué estamos transmitiendo? ¿Podemos cambiar algo en nuestras vidas? Mirar hacia adentro primero, es el gran reto.
- Visibilizar y apreciar las labores de Cuido que principalmente mujeres y cada vez más hombres comprometidos, realizamos transmitiendo valores. Aprender el valor del Cuido hasta llegar al punto de poder decir con orgullo "En esta etapa de mi vida estoy dedicada(o) a mis hijos e hijas, o padres ancianos o ansiadas coronitas de la vejez, nuestros amadas nietos y nietas, con la misma aceptación social que informamos de una "Máster académico que estamos cursado". Entender como sociedad que el tiempo compartido con los que nos necesitan es un tiempo en que "construimos valores y también sembramos paz.
- Apreciar y agradecer el poder compartir con nuestros adultos mayores, padres, madres, abuelos y abuelas aprendiendo de sus saberes y sabiduría. Escuchando una y mil veces sus historias sin decir, "ya lo dijiste" y aprender de ellos, no estarán siempre con nosotros. Dejarlos vivir de sus recuerdos y respetar su autonomía e independencia. Disfrutar y honrar esta etapa de la vida y agradecer como un privilegio peinar canas. Ya que pronto seremos nosotros los que estaremos ahí o ya lo estamos.
- Demostrar amor con nuestras acciones. Tratar a las personas como lo que son Personas, con respeto, ternura y sinceridad. Se merecen nuestro respeto así como también necesitamos sentirnos respetadas. El límite debe ser no comprometer nuestra Dignidad, a veces no tan sencillo de reconocer. Si así fuera no existirían tantos casos de violencia de género que naturalizamos e invisibilizamos porque los detendríamos desde la primera señal.
- Dejar ir personas y relaciones que nos hacen daño emocionalmente. ¿Cómo lo reconocemos? Escuchando nuestro corazón, esa intuición que no falla, mirando cuáles son nuestras emociones sin juzgarlas y reconociendo lo que nos dice nuestro cuerpo. ¿Qué me genera la simple llamada o presencia de una persona? ¿Alegría, confianza, optimismos o ansiedad, temor, inseguridad ? ¿ Cuál es el verdadero mensaje detrás de sus palabras? ¿Tengo la confianza de ser yo misma o necesito ponerme una máscara para poder relacionarme? ¿Se acelera mi corazón del temor? ¿Siento un vacío en mi estómago? ¿Me sudan las manos? Hay personas vitamina y otras que nos roban la energía y la alegría de vivir. Si no podemos solas, es necesario buscar ayuda profesional.
- Valorar el Ser más que el Hacer. Es impresionante la presión social a estar haciendo algo, a ser productivo laboralmente, como si perdiéramos nuestra identidad si no estamos activos en el mercado laboral. ¿Es eso cierto? ¿Es saludable? ¿O es una manera de ocultar necesidades no satisfechas? ¿Qué hay detrás al culto a la Actividad? Los ciclos de la naturaleza tienen tiempos para producir y otros para descansar. Hay día y noche; frío y calor; verano, otoño, invierno y primavera. Cada uno con sus encantos y funciones bien establecidas. Después de etapas "supuestamente improductivas" (invierno) pudieran retoñar las mejores ideas (primavera). La mente y el cuerpo también necesitan descansar. Todo tiene su tiempo, lo difícil es escucharnos y saber cuándo es tiempo de detenernos por salud física y emocional.
Y finalizo este disertar matutino con las frases que inicié y unas más.
Nunca sabrás el verdadero impacto que tendrás en las personas que te rodean. Nunca sabrás cuánto necesitaban la sonrisa que les diste. Nunca sabrás cómo tu amabilidad cambió sus vidas por completo ... Escucha, Sé Amable, Cuida y Cuídate, Ama y Ámate"
Es cierto que es distinta la interacción que podemos llegar a tener con conocidos que con amistades e incluso familia. No obstante, nos hemos acostumbrado a pensar que es suficiente un mensaje de texto, un me gusta o un emoticón "tierno" para hacer sentir mejor a alguien que al otro lado de la pantalla puede estar lidiando con situaciones y emociones que le sobrepasan como ser humano. Y lenta e imperceptiblemente nos distanciamos.
A la vez, con frecuencia, recibimos perplejos después en un intento desesperado por "conectar emocionalmente" y abrir nuestro corazón, un completo "silencio" como respuesta. En otras palabras aquello que transmitimos no tuvo respuesta ¿Nos entenderían? ¿Les importa? ¿Es eso comunicación? ¿Estamos "construyendo" relaciones o son solo "situaciones relacionales" ?
Nos hemos acostumbrado en este mundo de prisas a dejar de llamarnos, de escucharnos, de mirarnos a los ojos y sustituirlos por un mensaje de texto, más acorde con nuestra "apresurada vida". ¿Hacia dónde nos dirigimos con tanta prisa?
Ya escribió Zygmunt Bauman en su libro "Amor Líquido" sobre la fragilidad de los vínculos humanos en nuestros tiempos. Escuchamos cada vez con más frecuencia de ghosting, de falta de compromiso emocional, de "relaciones" carentes de responsabilidad o visibilidad, de los y las "casi algo", de "relaciones indefinidas", para mencionar algunas. La palabra "amigos y amigas" se utilizan sin el contenido afectivo de antes que comprobamos en tiempos de crisis porque brillan por su ausencia. Y peor aún lo hemos normalizado. ¿Y a eso llamamos "Comunicación"?
Y sin darnos cuenta, se pierden relaciones de amistad, de pareja, de progenitores con sus hijos e hijas, con los nietos y nietas, de hermanas y hermanos, por no invertir lo más valioso que podemos dar, nuestra presencia y tiempo. ¿Será que nos estamos equivocando como sociedad?
Si lo pensamos detenidamente:
NADA sustituye una llamada y escuchar la voz angustiada o alegre al otro lado, un abrazo apretado que nos compone el alma y hablar por horas, mirándonos a los ojos riendo y llorando juntos o simplemente sentarnos a la par, en silencio, escuchando el corazón del otro.
NADA sustituye el contacto físico y/o la cercanía de alguien realmente comprometido con la relación, cualquier tipo que sea. Si hay verdadero interés, sí se puede. Nací en una familia intercultural y las distancias, encuentros y despedidas han sido frecuentes. No obstante, nuestros padres se las ingeniaron para mantener el contacto a través de cartas, llamadas por "radio aficionados" o brevísimas conversaciones para las navidades que eran todo un lujo; envíos anticipados de cassettes de Felices Fiestas que escuchábamos una y otra vez, las famosas "Tarjetas navideñas" que se enviaban con anticipación y cariño o el ansiado y costoso viaje para abrazarnos y reír llorando."
¿Nos estaremos equivocando como sociedad?
No sólo los adultos sufrimos de soledad, sino que nuestros niños, niñas y jóvenes están observando nuestra desconexión y sufren de soledad detrás de una pantalla, que les damos para que "jueguen, se eduquen e informen", sin control alguno y nos "dejen seguir con nuestras ocupadas vidas".
No debería extrañarnos que personas inescrupulosas y perversas quieran adueñarse de la mente y corazón de nuestra niñez y no sólo de la de ellos. Cuando existen necesidades de afecto insatisfechas, como seres sociales que somos buscaremos satisfacerlas con algo o con alguien sea o no funcional y sano. Al fin y al cabo, la atención negativa, es mejor que la indiferencia.
Tampoco debería extrañarnos el aumento en los casos de violencia cada vez más aberrantes y los altos índices de suicidio en niños, jóvenes y adultos mayores, etapas de desarrollo de mayor vulnerabilidad y cambios.
He dedicado con pasión los últimos años de mi vida al estudio de la prevención de las violencias creyendo en la Mediación, las Prácticas Restaurativas y Círculos de diálogo como instrumentos apropiados para prevenirlas, pero pareciera que estamos siempre un paso atrás de tanta maldad y desconexión emocional, de tanta falta de sensibilidad humana.
En ocasiones cuando comparto estos temas, me han preguntado ¿Cómo sigo siendo optimista y cuál es la forma de prevenir la violencia? Ninguna de estas preguntas son sencillas de responder porque envuelven multitud de factores ya que el abordaje de la Violencia es multidisciplinar, multicausal que cambia en el tiempo y según el contexto social y cultural. Sin embargo, Sí, soy optimista, a pesar de los años y muchos daños creo en la bondad humana. Aquí algunas reflexiones en voz alta que podrían ayudarnos a conectar con nosotros y con el otro...
- Empezar desde la más tierna infancia, desde antes de nacer, acariciando y hablando a ese ser que esperamos con cariño en un ambiente de mucha paz. Es nuestra responsabilidad cuidar nuestra niñez. Manifestarles nuestro amor y aceptación a manos llenas. Desde bebés mostrarles atención y afecto. Dedicarles tiempo. Es asombroso cómo siguen nuestros rostros e imitan nuestras expresiones de afecto y sonrisa. Educamos sin hablar.
- La responsabilidad es nuestra, trasciende las instituciones públicas y privadas. Debemos asumir como ciudadanos y ciudadanas nuestra cuota de acción construyendo relaciones sanas con los que nos rodean. Si las campañas sociales no están alcanzando los efectos deseados, tal vez sea necesario volver a ser ejemplos vivientes en nuestro "metro cuadrado" Preguntarnos ¿Qué estamos transmitiendo? ¿Podemos cambiar algo en nuestras vidas? Mirar hacia adentro primero, es el gran reto.
- Visibilizar y apreciar las labores de Cuido que principalmente mujeres y cada vez más hombres comprometidos, realizamos transmitiendo valores. Aprender el valor del Cuido hasta llegar al punto de poder decir con orgullo "En esta etapa de mi vida estoy dedicada(o) a mis hijos e hijas, o padres ancianos o ansiadas coronitas de la vejez, nuestros amadas nietos y nietas, con la misma aceptación social que informamos de una "Máster académico que estamos cursado". Entender como sociedad que el tiempo compartido con los que nos necesitan es un tiempo en que "construimos valores y también sembramos paz.
- Apreciar y agradecer el poder compartir con nuestros adultos mayores, padres, madres, abuelos y abuelas aprendiendo de sus saberes y sabiduría. Escuchando una y mil veces sus historias sin decir, "ya lo dijiste" y aprender de ellos, no estarán siempre con nosotros. Dejarlos vivir de sus recuerdos y respetar su autonomía e independencia. Disfrutar y honrar esta etapa de la vida y agradecer como un privilegio peinar canas. Ya que pronto seremos nosotros los que estaremos ahí o ya lo estamos.
- Demostrar amor con nuestras acciones. Tratar a las personas como lo que son Personas, con respeto, ternura y sinceridad. Se merecen nuestro respeto así como también necesitamos sentirnos respetadas. El límite debe ser no comprometer nuestra Dignidad, a veces no tan sencillo de reconocer. Si así fuera no existirían tantos casos de violencia de género que naturalizamos e invisibilizamos porque los detendríamos desde la primera señal.
- Dejar ir personas y relaciones que nos hacen daño emocionalmente. ¿Cómo lo reconocemos? Escuchando nuestro corazón, esa intuición que no falla, mirando cuáles son nuestras emociones sin juzgarlas y reconociendo lo que nos dice nuestro cuerpo. ¿Qué me genera la simple llamada o presencia de una persona? ¿Alegría, confianza, optimismos o ansiedad, temor, inseguridad ? ¿ Cuál es el verdadero mensaje detrás de sus palabras? ¿Tengo la confianza de ser yo misma o necesito ponerme una máscara para poder relacionarme? ¿Se acelera mi corazón del temor? ¿Siento un vacío en mi estómago? ¿Me sudan las manos? Hay personas vitamina y otras que nos roban la energía y la alegría de vivir. Si no podemos solas, es necesario buscar ayuda profesional.
- Valorar el Ser más que el Hacer. Es impresionante la presión social a estar haciendo algo, a ser productivo laboralmente, como si perdiéramos nuestra identidad si no estamos activos en el mercado laboral. ¿Es eso cierto? ¿Es saludable? ¿O es una manera de ocultar necesidades no satisfechas? ¿Qué hay detrás al culto a la Actividad? Los ciclos de la naturaleza tienen tiempos para producir y otros para descansar. Hay día y noche; frío y calor; verano, otoño, invierno y primavera. Cada uno con sus encantos y funciones bien establecidas. Después de etapas "supuestamente improductivas" (invierno) pudieran retoñar las mejores ideas (primavera). La mente y el cuerpo también necesitan descansar. Todo tiene su tiempo, lo difícil es escucharnos y saber cuándo es tiempo de detenernos por salud física y emocional.


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