La puerta del cambio ¿Quién tiene la llave?

"Nadie puede convencer a otro que cambie. Cada uno de nosotros custodia una puerta de cambio que solo puede abrirse desde adentro." Virginia Satir
Una verdad incuestionable.
¿O no?
¿Se atrevería alguien a desmentirla? Abiertamente no.
Sin embargo...
Al leerla no puedo dejar de pensar en la multitud de historias de vida de mujeres y también hombres que viven o hemos vivido en algún momento del camino algo diferente, muy contrario a esta afirmación.
El aceptar a "ese otro" llámese pareja, hijos o hijas, padres o madres, en fin, los distintos tipos de relaciones que construimos a lo largo de nuestras vidas, es una tarea compleja. Aceptarles con sus luces y sombras es para mí elegirles cada día, a pesar de y precisamente por eso que los hace únicos (as).
Sin embargo, de alguna manera hemos incorporado, equivocadamente, la tremenda "responsabilidad" de "ayudarles" al cambio y a esperar cambios que no nos toca a nosotros (as) realizar.
"Cada uno de nosotros custodia una puerta de cambio
que solo puede abrirse desde adentro".
Ser esos "custodios de nuestras puertas de cambio "es una expresión gráficamente maravillosa. Nos interpela al respeto y a la responsabilidad. Al respeto de los tiempos de la otra persona y a su autonomía y también a la nuestra. A la vez, a la responsabilidad que tenemos como seres humanos de elegir cambiar o no hacerlo y asumir las consecuencias de nuestros actos. Es dignificar nuestra humanidad.
Pero más allá, me preocupa una realidad que tiene que ver con parte del imaginario femenino, con ese inconsciente social que nos traspasa y que enciende una sutil pero insistente voz interior que nos dice: ¿Y por qué no? Tal vez yo pueda cambiarlo!!!. Y comienzan las justificaciones infinitas:
"El es así por su pasado conflictivo, porque nadie lo ha comprendido, pero yo puedo ser esa mujer que con amor podré cambiarlo";
"Sí, el está un poco indeciso. Está atravesando un mal momento. Es cuestión de esperar y darle tiempo";
ó la cereza en el pastel: " El es un diamante en bruto, sólo necesita pulirse..." y podríamos seguir.
Y la realidad, que es evidente a los ojos (de las personas que nos rodean), se desdibuja o mejor dicho la des dibujamos influenciadas por esos roles o mandatos sociales transmitidos sutilmente (o no tanto) y ciertamente naturalizados, de ser las "salvadoras de casos perdidos", las "heroínas" de los cuentos de Disney que nos contaban desde niñas, que en la vida real, no tienen un final feliz. Pero mientras "mentalmente" podemos "entender" que nadie cambia si no lo desea", emocionalmente seguimos reproduciendo dinámicas que pueden hacernos mucho daño e inclusive pueden ser la puerta a relaciones de violencia.
"Si la puerta no se abre es que no hay cambios.
No los esperes"
Si él es "así" es debido a que quiere serlo. Acéptalo, no cambiará por más "esfuerzos" de tu parte. No importa cuáles sean porque la puerta de los cambios, como bien lo ilustra Satir, se abre desde adentro.
Si está indeciso, tampoco cambiará. Probablemente está indeciso contigo. El ya decidió solo que NO has entendido bien el mensaje. El interés no puede ocultarse y el desinterés se nota aún más, sólo es cuestión de permitirnos "ver" la realidad.
Si es un "diamante en bruto", como dice mi hija sabia y contundentemente ¿Por qué no buscarse un diamante bien pulido?
Y podríamos seguir haciéndonos preguntas que nos permitan reflexionar para dejar de "esperar" lo que no pasará. Decidir dejar de "sentarnos" en la sala de espera de alguien para el que no somos su prioridad y tomar decisiones que nos permitan abrirnos a nuevas oportunidades de vivir relaciones sanas y mutuamente satisfactorias, sin violencias de ningún tipo.
Eres muy valiosa. Quiérete. Piénsalo y Decide.


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