Hay personas...Hay Ángeles. El poder de aceptar, perdonar y agradecer.

Pensando en voz alta, en esos Delirios de madrugada, cuál  ha sido, para mí, lo más difícil de ser mediadora de conflictos, casi sin temor a equivocarme podría afirmar que más allá de la gran responsabilidad que conlleva,  que es inmensa; la necesidad de constante capacitación y desarrollo de habilidades e indispensable adaptación a los cambios; es la realidad de que nosotras, como personas, lidiamos también con  nuestros propios conflictos. Somos igualmente humanas.

Y si queremos ser consecuentes y coherentes con nosotras mismas, es necesario "aprender" a gestionarlos de la mejor manera posible. Y eso no es nada fácil, porque es tan delgada la línea entre la persona y el profesional, entre el "discurso" y el verdadero "Ser Mediador (a)" que nos enfrentamos, al menos en mi caso, a la necesidad de autoconocimiento reflexivo diario, con el riesgo de que ante la posibilidad de caer nuestra imagen como personas, arrastremos sin darnos cuenta la reputación de la Mediación. 


Y es ahí donde emerge en mí, la necesidad de Aceptar, Perdonar y Agradecer: Aceptar nuestra humanidad y la de ese otro(a) con sus luces y sombras...aciertos y equivocaciones. Perdonar y perdonarnos porque ¿quién no se equivoca consciente o inconscientemente? y al ejercitar el perdón  sentir la liberadora paz que esto significa.  Y Agradecer y reconocer a aquellas personas que se han cruzado en nuestras vidas y que han sido ese anclaje e impulso para que continuáramos caminando cuando ya no podíamos más.

Escrito para una persona especial que me ha acompañado en momentos de suma incertidumbre, lo hago extensivo hoy a todas aquellas que a lo largo de mi vida me han sostenido con tanta paciencia y cariño, unos están y otras han trascendido a la eternidad. Gracias infinitas de todo corazón.
Seguir caminando...

"Hay personas...Hay Ángeles"

"Hay personas que un día sin darte cuenta aparecen en tu vida.

Así... sin permiso se van metiendo en tus pensamientos, en tu corazón.
Son como el aire, no se ve, pero lo sientes. 
Y con el sigilo y naturalidad del amanecer
 se van haciendo parte de tu rutina diaria.

Y sí, sin esperarlo, en un instante iluminan tus días.
Con un mensaje, una palabra, un abrazo, aún a la distancia.
Te hacen sonreír,
Te acompañan.
Celebran tus logros y te contienen con cariño.
Aún cuando hay momentos en que no pueden sostenerse ni a ellas mismas.
Pero ahí están, rotas, pero dándose.
Como si tuvieran una misión que cumplir.
Y te conocen. En tus buenos y malos días, en los que sonríes y en esos de nubes negras, aguaceros con rayos y truenos en los que cualquiera, por prudencia, se alejaría. Pero no se van, te acompañan y te 
abrazan hasta que pases las tormentas...tus tormentas.
De dónde salieron, te preguntas.
¿Será el destino, Dios o la casualidad?
Y no encuentras respuesta, 
Y probablemente nunca la habrá.
Pero ahí están...
Personas mágicas, sensibles, que consuelan y acompañan en silencio.
Que te hacen crecer y volver a confiar.
Que si no sonríes, te dibujan la sonrisa.
No se sabe si nos amigos, compañeros de camino o algo más ¿Qué más da?
Ni cuánto tiempo caminaremos juntos...
Lo cierto es que se ganaron un lugar en nuestro corazón  para siempre y desearíamos que no se fueran nunca.
Y quién sabe, en la de menos ni siquiera son humanas.
Tal vez sean ángeles disfrazados de humanos 
que bajaron a la tierra solo por un rato.

Pero Ángeles al fin. 
Ángeles en misiones espaciales".
Gladys Dalsaso. Delirios de Pandemia. 28 de agosto, 2022


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